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31 de diciembre de 2016

La fe de un creyente (mexicalense contemplativo)

La fe de alguien se llevó las montañas
Donde ayer estaba la sierra hoy no hay nada
Por más que mis ojos se esfuerzan por hallarla
No consiguen más que ser resecados por
el calor del desierto
No las veo
Ni a los cerros del oeste
Ni la sierra del sureste
¿de qué tamaño fue la fe para transportarlas?
Ayer desperté y la claridad reinaba
Pasan los días y derramo mi alma
Por más que rezo no consigo regresarlas
¿Es tan vacía mi fe?
Se las llevaron tras un rastro de humo las máquinas
La ciudad entera las extraña
Ahí volaban los venados y las mariposas
¿qué cielo atraviesan los halcones ahora?
Solo queda una cortina gris que no se desgarra,
cubre el vacío que han dejado las montañas
¿Por qué mi fe no es más grande que la mostaza?
La ciudad está exiliada como una isla sombría
La gente no puede contemplarlas en la alborada
No se aprecia la clareada punta nevada del cerro
Ni el azulado tono que produce la distancia
En los ojos han llovido lágrimas de fango
Extrañamos los fuertes centinelas que nos resguardaban
¿a quién acudiremos para redimirnos?
¿quién las ha secuestrado?
¿cuándo despertaré y las veré de nuevo?
Que mi pupila atraviese todas las paredes
Que encuentre al que fervientemente está orando
Porque ha desplazado los cerros a un desconocido rumbo
Detrás del humo negro he de encontrarlo arrodillado…

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